Alaberga

El barrio de Alaberga en Errenteria, Gipuzkoa, se construyó en los años 60, en pleno desarrollo industrial. La accidentada topografía dividió la ordenación en dos ámbitos diferenciados, uno en la cota baja organizado en torno a la iglesia y con unos bloques lineales que se acercan a la formalización de manzanas y calles; y otro ámbito en la cota alta, con edificaciones dispersas que trepan por las laderas dejando vacías las zonas más escarpadas. Hoy Errenteria se ha expandido por la cota más alta dejando ese territorio verde como un vacío verde urbano que divide el municipio con un desnivel de más de 40 metros.

Una ciudad partida, que puede ser reconectada para el peatón mediante dos ascensores urbanos, que van suturando todas las cotas importantes, caminos intermedios, accesos a la iglesia o a las viviendas cercanas. Así como la de un nuevo vial que permite que un bloque con 6 portales y 42 viviendas acceda ahora a cota al portal, sin tener que subir un desnivel de 10 metros de angostas escaleras para poder acceder a la planta baja. Esta intervención únicamente puede explicarse desde lo urbano.

Por otro lado, el proyecto concentra gran cantidad de esfuerzos en domesticar la percepción de estas dos infraestructuras que cruzan la ladera. Aquel espacio residual, cedido a la naturaleza, dadas sus malas condiciones para la edificación, es una barrera física para la ciudad pero también un pulmón verde de gran valor que debe ser preservado.

Las caras facetadas de ambas estructuras y su revestimiento de aluminio pulido espejo pretenden una relación directa con ese entorno cambiante. Juguetear con los mecanismos que rigen la percepción del espectador supone para el arquitecto la posibilidad de organizar un mundo de sorpresas o desequilibrios que retan a la seguridad que el conocimiento previo del mundo nos rodea. Al fin y al cabo la percepción no es otra cosa que la manera en la que nuestro cerebro interpreta los diferentes estímulos que recibe a través de los sentidos para formarse una impresión consciente de la realidad del contexto por el que nos movemos. Los reflejos y superposiciones de cubiertas, nubes, ramas u hojas se convierten en el verdadero y cambiante material de las torres y pasarelas. De algún modo el paisaje parece en ocasiones fluir apoderándose del volumen construido, desdibujando sus límites, alterando su masa. No se sabe si el paisaje ha reabsorbido la arquitectura, o si por el contrario es la obra construida la que se ha apropiado del marco natural.

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Alaberga quartier in Errenteria, Gipuzkoa, was built in the 60s, in full industrial development. The pitched topography divided the settlement into two different areas: one in the lower level organized around the church, with linear blocks that generate blocks and streets; and another area in the upper level, with disseminated buildings that climb the hillsides, leaving the steepest areas empty. Nowadays Errenteria has extended to the highest point, surrounding that empty space as an urban green area that divides the township, with a difference of level of more than 40 meters between them.

A split town, which can be reconnected for the pedestrians through two urban lifts, which are linking all important levels, intermediate roads, accesses to the Church or close residences. As well as that of a new path that lets get in a block of 6 portals and 42 flats at the same level of the doorway, without having to climb a narrow and 10-meter stairs to the doorway. This intervention can only be explained from the urban point of view.

On the other, the project puts the focus and intensity on controlling the perception of these two infrastructures that cross the hillside. That residual space, given to nature due to its extreme conditions for building, is an urban physical barrier but also a green lung of great value that must be preserved.

The faceted planes of both structures and their mirror polished aluminum cladding, claims a direct relationship with that changing environment. To play with fun with the mechanisms that govern the perception of the spectator supposes for the architects the possibility of organizing a new world of surprises or imbalances that challenges the security of the previous knowledge of the world. In the end, perception is nothing but the way in which our brain interprets the different stimuli it receives through the senses, to form an aware impression of the reality of the context through which we move. The reflections and overlays of roofs, clouds, branches and leaves become the material itself of towers and footbridges. Somehow the landscape seems to flow, taking possession of the built volume, blurring its boundaries, varying its mass. We don´t know for sure la if the landscape has reabsorbed the architecture, or on the contrary, it´s the constructed architecture which has appropriated the nature.

Categories: 2018 / Featured / Infrastructure / Landscape / Projects

Alaberga

Reconexión urbana mediante 2ascensores urbanos

Location: Errenteria

Year: 2018

Collaborators: Julen Rozas, aparejador; Ingeniería Lanchas, calculo estructural; bategin, seguridad y salud; Aitor Ortiz, Fotografía (1-8b); Aitor Estévez, Fotografía (8a,14-20)

Clients: Ayuntamiento de Errenteria

Cost: 1,75 mills €

Status: 1st prize. Completed

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